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Música Clásica y ópera de Classissima

Mariss Jansons

jueves 25 de agosto de 2016


camino de musica

29 de julio

Immenso Jehova (Nabucco)

camino de musicaImmenso Jehova (Nabucco) IMMENSO JEHOVA (NABUCCO) En Nabucco no sólo está el coro Va pensiero, hay otros momentos que emocionan tanto como ese que es sin duda el más popular. Hoy traemos el coro y la escena final de Nabucco de Giuseppe Verdi, Immenso Jehova del que dejamos la traducción: CORO Inmenso Jehová ¿Quién puede no oírte? ¿Quién no se siente polvo ante tu presencia? ¿Lanzas un destello?… y todo sonríe. ¿Lanzas el rayo?… y a todos nos fulminas. Escena Última (Entra Abigaille con los soldados) NABUCODONOSOR ¡Oh cielos! ¿qué veo? CORO ¿La desgraciada a qué viene ahora aquí? ABIGAILLE (agonizando, a Fenena) ¡Que baje…Read More → Concierto Verdi 200 años Diseccionando el Aleluya de Handel Mahler: Sinfoníaº 2 (Mariss Jansons) Mefistofele (Boito) Prólogo – Muti J.S. Bach: Actus Tragicus

Ya nos queda un día menos

13 de junio

Tilson Thomas nos explica la Quinta de Shostakovich

Antes de comentar el concierto que escuché el sábado a la Orquesta Nacional de España, y como necesaria justificación de lo que voy a escribir, tengo que dejar claro qué piensa un servidor sobre la polémica Shostakovich-Volkov en general y sobre la Quinta sinfonía del compositor ruso en particular. Mi idea coincide en buena medida con lo que declaró Mstislav Rostropovich a Justo Romero en una entrevista de hace ya bastantes años. Por un lado, las presuntas memorias relatadas a Volkov parecen ser una falsificación: los argumentos que he podido leer defendiendo esta postura me han convencido plenamente, y a ellos hay que sumar las declaraciones del enorme violonchelista y director afirmando que el autor de La nariz no confiaba en el periodista ruso. Pero por otro lado, y aquí está la enorme paradoja, la idea que se encuentra detrás de Testimonio parece ser verdadera: en la creación shostakoviana posterior a a la censura stalinista de su ópera Lady Macbeth hay, además de obras malas escritas exclusivamente para complacer al régimen, mucho de ambigüedad y de dobles lecturas, incluyendo desafíos y hasta burlas más o menos veladas a la autoridad que no escapan en absoluto a quien quiera verlas. La cuestión es: ¿cómo demostrar algo tan extremadamente resbaladizo como eso de las segundas lecturas, es decir, que la música no quiere decir lo que parece querer decir sino justamente lo opuesto? Concretando en el tema que nos ocupa: ¿dónde se evidencia que la Quinta sinfonía es todo lo contrario a “la respuesta de un artista soviético a unas críticas justas"? La solución nos la da Michael Tilson Thomas en el capitulo dedicado a dicha partitura dentro de la excelente serie Keeping Score que protagoniza frente a su San Francisco Symphony: en la partitura está todo. Si están ustedes interesados en la música del autor, les recomiendo que vean este Blu-ray de soberbia calidad de imagen –de momento, además, lo pueden encontrar en YouTube– en el que se realiza un análisis admirable que concluye con sólidas pruebas sonoras de que el final de la partitura, ese mismo que suele despertar aullidos de entusiasmo entre el respetable, fue escrito precisamente con ese carácter opresivo, trágico y antirretórico –pese al monumental despliegue decibélico– con que han sabido interpretarlo los grandes traductores de la pieza, que a mi entender son  –por orden alfabético, pues las preferencias no las tengo del todo claras– Bernstein, Haitink, Jansons, Petrenko, Previn, Rozhdestvensky y Sanderling. No, Rostropovich no está en mi lista. Y menos aún Mravinsky, quien precisamente se encargó de estrenar la obra haciéndola digerible a las autoridades. Como en el resto de esta serie documental, al final del capítulo se incluye la interpretación de la obra completa. Y aquí ha venido una gran sorpresa para mí: no se trata esta vez de una grabación realizada en San Francisco, sino de la filmación de la BBC del Prom del 1 de septiembre de 2007, un concierto en el que estuve presente y en el que disfruté muchísimo. Pero bueno, dejando a un lado la cuestión personal, ¿qué tal está esta versión? Pues lo cierto es que, al contrario que otros maestros que dicen una cosa sobre la partitura para luego terminar haciendo otra muy distinta a la hora de ponerla en sonidos, Tilson Thomas lleva a la práctica el magistral análisis que realiza en el documental, es decir, apuesta por una lectura en la que los aspectos más sombríos, amargos y opresivos de la obra quedan en primer plano y subraya la ambigüedad expresiva que subyace en mucho de los pasajes, de manera muy particular en un Finale que es aquí una beligerante denuncia política cargada de negrura, más aún quizá que con los directores arriba citados. Los otros tres movimientos son francamente buenos, destacando un primero cargado de poderoso dramatismo y un segundo no particularmente corrosivo ni sarcástico, pero dicho con saludable socarronería y magníficamente expuesto. En el tercero cosas aun más profundas y acongojantes se han escuchado, pero aun así Tilson Thomas, que en el documental relaciona el pasaje con la música litúrgica de la iglesia ortodoxa, logra convencer por su sabia mezcla de vuelo lírico e intensidad emocional. La orquesta, ni que decir tiene, funciona de maravilla y es tratada por la batuta con una claridad y una plasticidad admirables, bien recogida por una toma sonora en surround auténtico que supera las limitaciones propias de la acústica del Royal Albert Hall, aunque no del todo las del origen televisivo del producto: la gama dinámica no es todo lo amplia que podía haber sido.




Ya nos queda un día menos

21 de abril

Jansons y Mork con la Filarmónica de Berlín: Berlioz, Dutilleux, Shostakovich

El programa del 3 de marzo de la Filarmónica de Berlín, protagonizado por Mariss Jansons y Truls Mork y disponible en la Digital Concert Hall, me ha animado a profundizar en una obra maestra a la que no me había acercado lo suficiente: el Concierto para violonchelo, "Tout un mounde lointain", de Henri Dutilleux. Después de escuchar varias interpretaciones, me queda la sensación de que existen dos posibles vías de acercamiento a la página. Una consiste en llegar a un equilibrio entre los aspectos –llamémosle así– impresionistas y expresionistas de la obra, y ella es la que abrieron los intérpretes del estreno, Mstislav Rostropovich y Serge Baudo (EMI, 1974) y más tarde han seguido Arto Noras con Jukka-Pekka Saraste (Finladia-Warner, 1991) y Christian Poltera con Jac van Steen (BIS, 2008). La otra opta por acentuar contrastes y tensiones, subrayar lo que la escritura tiene de encrespado, afilar las aristas tímbricas y descargar mucha electricidad en los clímax. Es la opción de Truls Mork con Myung-Whun Chung (Virgin, 2001) y de Anssi Karttunen con Esa-Pekka Salonen (DG, 2011), esta última la más radical y discutible, pero también mi preferida. En esta nueva lectura Truls Mork pasa del segundo grupo al primero, pero no tanto por él como por la dirección de Mariss Jansons, muy distinta de la de Chung. Al maestro letón no le motivan demasiado las descargas de adrenalina que propone esta partitura, mientras que por el contrario parece sentirse bastante cómodo dejando respirar a la música, atendiendo a la atmósfera y recreándose en la sensualidad de los timbres. Lo hace de manera satisfactoria, entre otras cosas porque cuenta con la complicidad de una orquesta sensacional, pero no le hubiera venido mal una mayor matización expresiva y un más agudo sentido de los contrastes: por momentos parece un poco plano. En cuanto al solista, vuelve a demostrar no solo un irreprochable dominio técnico, sino también su capacidad para teatralizar el canto del violonchelo hasta convertirlo en un ser humano que declama sus emociones con admirable riqueza de acentos y enorme veracidad expresiva. Y qué decir de su sonido hermosísimo, sólido y profundo. La sarabanda bachiana que ofrece de propina deja bien clara la categoría del artista. La velada había arrancado con la obertura del Carnaval romano de Berlioz. Poco convincente, la verdad: en la sección lenta Jansons opta por la sensualidad, lo que para él parece significar suavidad expresiva e incluso blandura –en exceso tímido y ensoñado el corno inglés–, para a continuación poner el piloto automático y limitarse a confiar en la enorme calidad de la orquesta. Chispa, brillo y arrebato carnavalero brillan por su ausencia. Décima de Shostakovich en la segunda parte. Se la escuché a este director cuando era joven en el Maestranza –aún estaba con la Filarmónica de Oslo– y me gustó. Ahora tengo muchos más años y no cuela. A mi entender, el problema de esta interpretación no es que su enfoque sea mucho antes “romántico” que “expresionista”, porque Karajan adoptaba óptica semejante con la misma orquesta y los resultados eran sensacionales. El problema está en Jansons, en su tendencia a quedarse en la superficie de la música, en su falta de verdadero compromiso expresivo y de implicación emocional. No basta con que todo esté en su sitio, el trazo sea cuidadoso y se eviten la vulgaridad y el efectismo: se echan de menos tensión interna en la construcción, garra dramática en los clímax y vehemencia en la expresión. El segundo movimiento –escuchen el vídeo que les he dejado– y el final del cuarto resultan, en este sentido, muy decepcionantes por su falta de fuelle. Que en el tercero el maestro muestre buen olfato para la sensualidad y el misterio y, por descontado, la formación berlinesa realice una labor formidable, no redime a esta interpretación de quedarse muy a medio camino.

Ya nos queda un día menos

16 de abril

Notables Gurrelieder por Jansons

Ya conocía desde hace tiempo, gracias a una retransmisión televisiva, estos Gurrelieder que Mariss Jansons dirigió en Múnich en septiembre de 2009 a su formidable Orquesta de la Radio Bávara y a un enorme conjunto coral formados por los coros de la NDR, la MDR y de la propia radio de Baviera. Ahora he podido hacerme con el DVD editado en el sello BR Klassik: se nota una apreciable mejoría técnica, porque este formato ofrece un DTS con surround auténtico, con abundante imagen sonora –público y reverberación– por los canales traseros que contribuye a otorgar espacialidad y relieve a la toma, por lo demás muy equilibrada y con más que suficiente presencia de los sonidos graves, aunque en lo que a gama dinámica se refiere, aun siendo esta muy amplia, no se llega a recoger toda la que demandan las mastodónticas fuerzas congregadas por Schoenberg. La imagen –irreprochable filmación de Brian Large– es muy digna, pero no llega en absoluto a la calidad de un blu-ray. El nivel interpretativo es notable. Jansons ofrece una muy sólida dirección, cálida y bien llevada, no del todo clara pero sí con gran sentido del color y de apreciable sensualidad. Ahora bien, funciona mejor en la segunda parte, vistosa y entusiasta a más no poder, que en la primera, quizá demasiado impresionista y con alguna caída en la blandura. Tampoco parece interesarse mucho por los aspectos más dramáticos y dolientes de la partitura, que quedan algo desdibujados. Como en su registro junto a Salonen del mismo año, el tenor Stig Andersen ofrece un instrumento muy adecuado, frasea con calidez y matiza con cierta intención, de tal modo que sale más o menos airoso de su larga y difícil parte a pesar de que su técnica no es del todo sólida. Extrañamente, Deborah Voigt exhibe una voz dura, se ve algo apurada y no termina de calar en la expresión. Muy bien Mihoko Fujimura como la paloma. Bastante sólido Herwig Pecoraro, cuya intervención subraya Jansons haciendo gala de un formidable sentido del humor y de un espíritu muy circense. Michael Volle canta bien la parte del campesino y está magnífico en el monólogo conclusivo. En fin, un DVD recomendable que lo sería aún más si tuviera subtítulos en algún idioma. Como curiosidad, al final se puede ver entre el publico a Christian Thielemann y a Kent Nagano.Tiene explicación: se celebraba el sesenta aniversario de la orquesta.



Ya nos queda un día menos

3 de febrero

Don Juan de Strauss, discografía comparada

Estrenada en Weimar en noviembre de 1889, Don Juan no solo fue el primer gran éxito del entonces jovencísimo Richard Strauss, sino que se ha convertido por derecho propio en una de los grandes poemas sinfónicos de todo el repertorio. Sus registros fonográficos son innumerables, y por ello en este repaso, aunque no precisamente breve, serán muchos nombres destacados que queden fuera. Aun así, tengo la esperanza de que este pequeño juego resulte de utilidad para los lectores a la hora de acercase a la discografía, como también a la hora de reconocer el modus operandi de algunas destacadas batutas. Dos conclusiones generales: el nivel medio es francamente bueno, y la precipitación derivada de la excesiva incandescencia suele ser el error habitual en el que caen buena parte de las interpretaciones. Adelanto que la de Solti/Chicago es la que más me gusta de todas, aunque no la única que me parece de primerísima categoría. 1. Mengelberg/Orquesta del Concertgebouw (Pearl, 1938). El maestro que recibiera en su momento la dedicatoria de Vida de Héroe parece en principio una batuta ideal para el universo straussiano, y de hecho deja bien claro su olfato evitando precipitarse –los tempi no son tan rápidos como se acostumbraba en aquellos años– y ofreciendo detalles que evidencian personalidad, incluyendo esos célebres portamentos que hoy suenan fuera de tiesto, pero lo cierto es que junto a momentos francamente buenos la poesía no termina de brotar, sobre todo en una escena de amor más bien insulsa y lastrada por un oboe de sonido desagradable que parece ir a su aire. Tampoco la claridad y el equilibrio de planos son los deseables –algunos instrumentos quedan inadecuadamente en primer término–, aunque ahí hay que contar con las limitaciones de una toma sonora que, aun siendo de estudio y estando bien tratada por Mark Obert-Thorn para la reedición por el sello Pearl, evidencia su larga edad. (7) 2. Furtwaengler/Filarmónica de Berlín (varios sellos, 1942). La primera de las ocho grabaciones que se conservan de Furt –solo una de ellas en estudio– se realiza en plena Guerra Mundial, reflejando las maneras del genial director en aquella etapa: interpretación encendida a más no poder, altamente teatral, demoledora por su sinceridad, muy arriesgada –larguísimo el silencio antes de la disolución final–, brillantísima al tiempo que sin retórica alguna, pero con frecuencia precipitada, hasta el punto de bordear el descontrol. La escena amorosa central, como era de esperar, ofrece un atractivo regusto amargo. (8)  3. Richard Strauss/Philharmonia Orchestra (Testament, 1947).  Esta toma recientemente rescatada, a la que le faltan demasiados compases, procede de las últimas apariciones en público del propio compositor dirigiendo su música. Su deficiente sonido apenas deja entrever una interpretación sincera, musical, paladeada sin precipitaciones y –obviamente– por completo idiomática, además de tocada con un nivel técnico superior a la media de la época (¡bendita Philharmonia!), pero un tanto lineal y no muy inspirada. Decididamente, el compositor no es el mejor intérprete de sí mismo. (7)  4. Krauss/Filarmónica de Viena (Testament, 1950). Por mucho que la orquesta muestre una muy bella y adecuada sonoridad, esta es una versión muy desequilibrada, prodigiosa en los momentos épicos pero superficial y sin voluptuosidad los líricos, dichos deprisa y de pasada. En fin, tampoco es el director favorito del compositor quien mejor acierta a revelar lo inspirado de su escritura. Un mito a revisar. (6)    5. Furtwaengler/Filarmónica de Berlín (Audite, 1954). En su último testimonio fonográfico, muy bien remasterizado por Audite a partir de las cintas originales de la RIAS –nada que ver con el bodrio del sello Virtuoso, que además estaba erróneamente datado en 1953–, Furt parece encontrar definitivamente el equilibrio adecuado entre brillantez sonora, garra dramática, ardor viril, concentración meditativa y sensualidad en el fraseo, todo ello haciendo gala de la sinceridad expresiva y de la fuerza comunicativa que siempre caracterizaron al maestro. Otra cosa es que, con la misma orquesta, su odiado Karajan añada a todo esto en el futuro una dosis mayor de refinamiento y magia sonora. (9) 6. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1954). Sorprende esta interpretación por ser menos vistosa y encendida de lo esperable en Reiner, decidido a interesarse por los aspectos amorosos de la página y a ofrecer unas texturas mórbidas y aterciopeladas de enorme atractivo. Por desgracia, el maestro no alcanza aquí la deseable concentración: la primera mitad de la obra resulta algo rápida y superficial, mejorando bastante en la segunda. A la postre, se queda a medio camino. (8) 7. Klemperer/Sinfónica de la Radio de Colonia (Medici Arts, 1956). A mediados de los cincuenta todavía estaba en proceso de formación ese director genial que será Klemperer en la década siguiente, y por eso no es fácil detectar su poderosa personalidad, salvo en su humor amargo y proverbial renuncia a la ensoñación poética, en esta en cualquier caso encendida, desafiante y dramática recreación. Bastante rápida (16’09’’), por cierto, y no solo para tratarse del maestro que se trata. La toma sonora, monofónica y de origen radiofónico, es aceptable. (8) 8. Szell/Orquesta de Cleveland (Sony, 1957). Hay extroversión, electricidad, incandescencia y sentido teatral a tope en esta recreación rápida, directa y muy incisiva, de claridad admirable y una chispa no poco sarcástica que le sienta muy bien a la obra. Por desgracia, el maestro incurre en la rigidez, la sequedad y la precipitación, resultando incapaz de aportar la voluptousidad, el sentido sensual y la variedad expresiva que demanda la partitura. Ni siquiera en la gran escena de amor central, donde remansa el tempo de manera considerable, logra destilar las imprescindibles esencias poéticas. La toma sonora es notable para la fecha, al menos en SACD. (7) 9. Böhm/Filarmónica de Berlín (DG, 1958). He aquí por parte de Böhm una muestra indudable de pleno dominio del idioma, de control de la orquesta sin concesión alguna al mero hedonismo y de fogosidad perfectamente controlada, en cualquier caso atendiendo más a los aspectos épicos y fogosos del héroe que a los más líricos. En interpetaciones posteriores del propio Böhm, menos ardientes pero más amorosas que la presente –la sección central no es tan poética como en las interpretaciones de Viena más adelante comentadas– se invertirán los términos. A la coda, por ciert, le podría sacar más partido. (9)  10. Celibidache/Orquesta de la Radio de Colonia (Orfeo, 1958). Tan solo dos años después de la interpretación de la misma orquesta con Klemperer –capturada con excesiva lejanía en esta discreta toma del 5 de octubre de 1958–,  y únicamente limitado por la naturaleza de la referida formación, un Celibidache que es ya perfecto dominador de los recursos directoriales –impresionante la plasticidad con la que maneja a la agrupación renana– supera sensiblemente al veterano maestro de Breslau ofreciendo una lectura de inspiración excelsa: elocuente, cálida y de fogosidad bien controlada, perfecta en lo que al equilibrio entre carácter épico, sensualidad y dramatismo se refiere –ya está aquí la impresionante pausa antes de la coda que mantendrá hasta el final de su carrera– y de un trazo no por firme menos flexible y natural en el canto de las melodías. En cualquier caso, y aunque deja ya claro que es uno de los grandes recreadores de la página, Celi aunque aún tendrá en el futuro que decir más cosas sobre el asunto. (9)  11. Klemperer/Orquesta Philharmonia (EMI, 1960). Solo han pasado cuatro años desde su toma radiofónica en Colonia, pero aquí Klemperer ya es claramente Klemperer. Quiero decir, el Klemperer genial e incomparable de su última etapa, sin prisas en los tempi (17’15’’ frente a los 16’09’’ de entonces) pero de una fuerza arrolladora; majestuoso en el fraseo aun ofreciendo su característica sobriedad marmórea; analítico hasta extremos impensables –se revelan muchísimos detalles que pasan desapercibidos en la mayoría de las interperetaciones– sin que la minuciosidad le haga perder el absoluto rigor de una arquitectura global delineada con mano maestra; rico e incisivo en el timbre; virtuosístico a más no poder y brillante en el mejor de los sentidos, aun siempre ajeno al exhibicionismo y al preciosismo banal; y amargo, doliente y desesperanzado en grado superlativo, de tal modo que las escenas de amor suenan con un registo muy agridulce –nada de ensoñaciones poéticas–, las festivas lo hacen con no poco sarcasmo y las épicas marcadas por el pesimismo que no busca sino la autoaniquilación. Demasiado radical, en cualquier caso, como para ponerle la máxima nota. La Philarmonia, increíble. Lástima que la toma sonora no sea ninguna maravilla. (9)  12. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1960). Haciendo un verdadero derroche de adrenalina y virtuosismo, ahora sí que el maestro de Budapest y la formidable orquesta norteamericana ofrecen la lectura en ellos esperable, fogosa a más no poder, llena de sentido teatral, colorista en el mejor sentido –la tímbrica es rica y adecuadamente incisiva– y siempre de una enorme inmediatez expresiva. El problema, por desgracia, es el mismo de seis años atrás: aunque no deja de paladear con sosiego los momentos amorosos, con frecuencia Reiner se precipita, frasea con rigidez y no es capaz de combinar la formidable electricidad que sale de su batuta con una buena dosis de esa sensualidad voluptuosa que también demandan los pentagramas. Tanto ardor juvenil, a la postre, termina eclipsando los aspectos más introvertidos de esta música. La toma sonora es de calidad, pero posee un punto de estridencia que llega a molestar. (8)  13. Karajan/Filarmónica de Viena (Decca, 1960). Esta grabación se sitúa en el punto de inflexión entres las dos maneras de hacer de Kajaran, una primera etapa no muy personal, un tanto rígida, que en cierto modo se inserta en la línea marcada por un Toscanini, y una segunda en la que se desarrollan la flexibilidad y los aspectos hedonistas de la música hasta alcanzar grande cumbres de refinamiento, aunque a veces también de narcisismo. Se entiende de este modo que el brillo, el colorido y el idioma están asegurados en esta fosa y muy notable lectura, pero que en comparación consigo mismo Karajan resulte un todavía un tanto juvenil, por no decir un pelín nervioso, necesitando mayor concentración para paladear mejor los temas líricos y conseguir toda la magia sonora que la obra demanda. Buen sonido en el SACD que he manejado. (8) 14. Maazel/Filarmónica de Viena (Decca, 1964). Es esta una versión juvenil para lo bueno y para lo malo: impetuosa, vibrante, de rico sentido del color, pero bastante precipitada y dicha un tanto de pasada. Solo en la escena de amor el joven Maazel se remansa adecuadamente, aun así lejos de alcanzar la sensualidad de sus recreaciones posteriores. La toma sonora no es gran cosa. (7)  15. Kempe/Royal Philharmonic (Chesky, 1964). El maestro de Dresde se mete en cuerpo y alma en la piel del seductor y ofrece, admirablemente secundado por la espléndida toma sonora de K. E. Wilkinson, una interpretación fresca, juvenil y ardiente a más no poder, trazada con vivacidad, riquísimo sentido del color, elevado carácter narrativo y gran sensibilidad para las texturas. Ahora bien, semejante incandescencia debería haber sido controlada por un mayor poso reflexivo, porque algunos pasajes –al principio y al final, fundamentalmente– resultan un poco más nerviosos de la cuenta, por momentos atropellados. En cualquier caso, la aproximación es brillante y comunicativa de principio a fin, amén de por completo idiomática, y se encuentra admirablemente puesta en sonido por una orquesta en plena forma. (8)  16. Solti/Covent Garden (DVD Ica Classics, 1967). Aunque ya se apunta la flexibilidad del Solti de los setenta y ochenta, sobre todo en la sección lírica central, todavía en esta fogosísima, incisiva, teatral y rutilante recreación el exceso de fuego hace que el maestro se precipite un tanto y no deje respirar a la música cuando debe, resultando un punto cuadriculado. La orquesta evidencia limitaciones. Si sumamos a todo esto que la toma de sonido discreta, queda claro que es una filmación ane todo para coleccionistas. (8)    17. Klemperer/Filarmónica de Viena (Testament, 1968). Esta vez en concierto, el de Breslau vuelve a hacer de las suyas con una interpretación muy personal, nada chispeante y poco elegante, más bien sombría, llena de fuerza interior y de una sonoridad rotunda y poderosa, mas no opulenta. A destacar la sonoridad amarga de las maderas, que no deja de recordar a las de la su propia Philharmonia Orchestra. Verdadero milagro tratándose nada menos que de la Wiener Philharmoniker. (9) 18. Celibidache/Radio Sueca (DG, 1970). Nuevo acierto de Celi con esta encendida y juvenil versión, llena de voluptuosidad, que alcanza las más altas cotas de belleza en el tema de amor de la sección central  –regusto amargo muy interesante, como hacen otros maestros–, pero que también consigue momentos extraordinariamente encendidos, como el clímax antes de la disolución final; esta es más bien lenta, aunque no particularmente siniestra. Si no fuera por la mediocridad de la orquesta, sería una interpretación de primerísimo rango. (9) 19. Kempe/Staatspakelle de Dresde (EMI, 1970). Como en su registro seis años anterior, frescura, fogosidad, colorido y brillantez bien entendida son las señas de una intepretación plena de idioma, elocuente a más no poder, pero también algo lineal, no del todo imaginativa y en exceso incandescente, hasta el punto de que algunos momentos resultan desaprovechados. Por ejemplo, el clímax final y la siniestra coda, dichos un tanto de pasada. (8) 20. Böhm/Filarmónica de Viena (DVD Euroarts, 1970). Interpretación de altísimo nivel, perfecta en el idioma y en la misma línea de su grabación con Berlín para DG, es decir, ardiente pero controlada al mismo tiempo, colorista sin caer en el hedonismo, viril y por completo ajena a narcisismos, aunque ahora algo menos lograda en las secciones épicas para centrarse más bien, aun sin redondearlas del todo, en las líricas. La toma sonora es monofónica y parece no recoger bien el timbre de los solos de violín y clarinete. Impagables los ensayos. (9)  21. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1972). Doce años después de su registro en Viena, y ahora ofreciendo un fraseo menos nervioso y más aquilatado, el maestro que seguramente ha sido el mayor de los directores straussianos se encuentra en plena madurez y logra finalmente ofrecer una lectura a la altura de su talento en la que se consigue el pleno equilibrio entre los aspectos épicos, los amorosos y los dramáticos de la página derrochando colorido y entusiasmo con mayor control e imaginación que antes. Aun así, Karajan todavía tendrá que decir su última palabra. (9)   22. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1973). Ya en plenitud de facultades como director, es decir, más flexible, menos nervioso y más concentrado a la hora de paladear los pasajes líricos que en su filmación con el Covent Garden, Solti nos ofrece una recreación de auténtica referencia marcada por su electricidad, su brillantez incisiva –nada de opulencia de cara a la galería– y, sobre todo, su altísima temperatura dramática. Todo aquí se desarrolla con un ardor que abrasa –siempre controlado mediante una planificación perfecta–, con una vehemencia desesperada que, pasando por una sección de amor central que mezcla sabiamente erotismo y amargor, conduce al protagonista a una carrera autodestructiva que termina inevitablemente en la aniquilación total: los compases finales, secos y tajantes, no pueden resultar más significativos. Ni que decir tiene que la Sinfónica de Chicago, trabajada siempre con trazo fino desde el podio, responde a las tremendas demandas de la batuta con virtuosismo supremo. Todavía hoy sigue siendo la versión de referencia. (10)  23. Celibidache/Radio de Stuttgart (DG, 1976). Algo más poético ahora pero no tan electrizante como con la Radio Sueca, el rumano vuelve a ofrecer una idiomática y sincera recreación en la que sobresale, como no podía ser menos, el tema de amor, si bien la transición al mismo es algo brusca y éste comienza de manera excesivamente ensimismada. La orquesta tampoco es ninguna maravilla. En conjunto, algo menos bien que antes. (8)  24. Böhm/Filarmónica de Viena (WP Live, 1978). Si pusiéramos decimales, esta sería una interpretación para un nueve y medio, pues en ella el de Graz redondea su aproximación a la obra ofreciendo momentos épicos espléndidos –sin resultar especialmente visionarios– y ua escena de amor asombrosa, de un lirismo y una elevación poéticas inigualables. El final está particularmente conseguido. Lástima que el disco sea dificilísimo de encontrar. (9)    25. Previn/Filarmónica de Viena (EMI, 1980). Aunque parezca un tópico, la mirada de Previn apunta hacia el Hollywood que él tan bien conocía. Este un Don Juan tan cinematográfico, esto es, abiertamente descriptivo, vitalista, extrovertido y directo, que se mueve muy a gusto entre la brillantez y la incisividad tímbricas, pero sin que esto signifique banalidad, decadentismo mal entendido o efectos de cara a la galería. Ahora bien, lo cierto es que se detectan algunas irregularidades en lo que a la inspiración de la batuta se refiere; el fraseo, siendo natural y flexible, no termina de ser todo lo poético e imaginativo que debiera, y frente a una escena de amor muy bien paladeada, o una enorme inflamación en los pasajes épicos que vienen inmediatamente detrás de la misma, hay momentos en que se echa de menos el nivel de los más grandes recreadores de la página. La impresión, en parte, se puede deber a una toma sonora un punto seca y plana, como era habitual en la EMI de la época, no terminando de recoger la singular belleza tímbrica de la formidable orquesta. (8)    26. Maazel/Orquesta de Cleveland (CBS-Sony). El maestro ha madurado y ofrece por fin una versión elocuente, apasionada y plena de idioma a la que sólo le falta un poco más de magia e imaginación en determinados momentos clave no del todo paladeados –el final–, así como de carácter visionario, para ser excepcional. (8)   27. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1983). Karajan llega a su propia cima interpretativa con una versión brillantísima y elocuente a más no poder, tocada de manera inmejorable –minuciosa hasta el menor detalle sin perder el sentido de la arquitectura– y con la mayor belleza sonora posible, amén sde con un colorido de enorme riqueza. Es además sincera en lo expresivo, encontrándose trazada con energía en los momentos épicos pero también con el más sentido lirismo en los amorosos, destilando una sensualidad altísima y consiguiendo en su punto justo ese sentido de lo decadente que no le viene nada mal a esta musica. Modélica, pues dentro de lo que podríamos denominar "ortodoxia straussiana", y por ende complementaria a las visiones de un Klemperer y un Solti. (10)    28. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD Sony, 1984). Filmada en Osaka, esta es una interpretación muy parecida a la de estudio del año anterior, brillante y con el decadentismo y la retórica adecuados, de rico colorido y enorme elocuencia, aunque con una sección lírica central quizá no tan concentrada y mágica, y con algún desajuste. Además, se encuentra peor grabada. (9)  29. Muti/Filarmónica de Berlín (Philips, 1989). La orquesta que todavía –pocos meses le quedaba a su frente– era de Karajan volvió a demostrar su absoluta idoneidad para el repertorio straussiano, esta vez bajo la batuta de un Muti menos refinado y hedonista que el salzburgués, pero no menos poderoso, vibrante y dominador, sin que por ello se descuiden el trazo global, soberbio, ni se dejen de cantar las melodías de manera exquisita. Se echan de menos, eso sí, el carácter visionario de un Furtwaengler, la sensualidad amorosa de un Celibidache, el sentido teatral de un Solti… y la magia sonora del citado Karajan, claro está. (8) 30. Celibidache/Filarmónica de Múnich (Artist, 1989). De un concierto ofrecido en Chicago el 16 de abril de 1989 procede esta toma de muy mediocre sonido –la distorsión llega a resultar insoportable– en la que Celibidache ha remansado el ardor de sus registros de los años setenta y, al frente de una orquesta superior a la que tuvo en las anteriores ocasiones, a la que modela con pinceles finísimos, y haciendo gala de una asombrosa sensibilidad para las texturas, construye una interpretación dicha con grandeza, fuerza muy bien controlada y una muy especial sensualidad amorosa en la escena de amor central, que cada vez concibe de manera más platónica y ensimismada. Amargor y desesperación quedan relegados frente a los aspectos más espirituales de la partitura. (9) 31. Sinopoli/Staatskapelle Dresden (DG, 1991). Al frente de una orquesta ideal y bien ayudado por una soberbia toma sonora, Sinopoli ofrece una lectura personalísima y llena de genialidad, más oscura de lo habitual –lacerante violín solista–, aunque no menos vistosa y comunicativa. El sentido del timbre y de las texturas se encuentra desarrolladísimo, mientras que el fraseo, algo nervioso, nunca pierde el sentido de la arquitectura global. La disolución final suena especialmente siniestra. Imprescindible. (10)   32. Barenboim/Sinfónica de Chicago (Erato, 1991). Pocas interpretaciones podrán encontrarse tan incandescentes, impetuosas y brillantes como esta, dirigida por un Barenboim que resalta el lado más juvenil e impetuoso del personaje ofreciendo una brillantez sin rastro de retórica y exigiendo, con su inflamadísimos tempi, auténticas locuras a una orquesta que es capaz de dar todo lo que pide y más. Eso sí, con tanto ardor amatorio hay algún pasaje –última sección épica– algo precipitado, mientras que las escenas amorosas, expuestas con la adecuada concentración, no alcanzan el grado de sensualidad y plasticidad sonora que el propio Barenboim, haciendo gala de un concepto más rico y de mayor olfato para las texturas, ofrecerá años más tarde con la Filarmónica de Berlín. (9)  33. Blomstedt/Sinfónica de San Francisco (Decca). Ciertamente defraudan los primeros minutos de la obra, tan fogosos que el fraseo resulta en exceso nervioso y falto de cantabilidad. Tras la primera escena de amor, muy bien paladeada aunque no del todo emotiva, el maestro se va centrando y acierta a ofrecer una recreación teatral y vibrante, rica en el sentido del color y muy acertada a la hora de evocar el espíritu de la pieza. Lástima que la disolución final no esté del todo aprovechada. Espléndida la ingeniería. (8)   34. Maazel/Filarmónica de Nueva York (DG, 2005). El resultado es aquí todo lo idiomático y solvente que es de esperar en Maazel, pero como parece lógico en un maestro ya anciano, antes que la parte épica sobresale ahora la más sensual: la escena de amor, paladeada hasta el límite, resulta verdaderamente sublime. El final no es especialmente dramático ni visionario, aunque el pizzicatto desila un curioso humor negro. (9)   35. Luisi/Staatakapelle de Dresde (Sony, 2008). Esta visión eminentemente juvenil y apasionada, llena de vida y color, por desgracia no logra controlar su propio temperamento y termina resultando algo nerviosa, dejando de paladear la partitura con el sosiego que merece –sobre todo en la sección inicial– y cayendo por momentos en la precipitación. Se echa de menos calidez en la sección amorosa y misterio en la coda final. Eso sí, la orquesta responde a las mil maravillas con un virtuosismo, una riqueza de colorido y una belleza sonora apabullantes. (8) 36. Barenboim/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2009). Vuelta a escuchar esta interpretación, y haciéndolo justo después de ver las filmaciones de Neeme Järvi y Dudamel con la misma orquesta que más abajo se reseñan, tengo que hacer aún más positiva mi impresión inicial. No solo nos encontramos ante una lectura fogosa, sincera, rica en matices y magníficamente controlada que sobresale por el tierno y –al mismo tiempo– doliente lirismo de la sección central, sino que además sabe ser épica sin caer en lo hinchado y ofrece una enorme carga de voluptuosa sensualidad en el fraseo y en la plasticidad con que se trata a la orquesta berlinesa, aquí mucho más sólida en el empaste y más rica en colores, así como más musical y expresiva en las intervenciones solistas, que con los directores indicados. (10) 37. Neeme Järvi/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2010). Parece mentira que se pueda aburrir en una obra como esta, pero el director estonio casi lo consigue poniendo el piloto automático en todas las partes líricas de la página –no hay rastro de emotividad– y resultando sin duda vistoso, pero también bastorro, cuando no hinchado o fuera de lugar (¡esos timbales!) en los épicos. Menos mal que están la orquesta y sus formidables solistas para arreglar un poco las cosas. (7) 38. Nelsons/Ciudad de Birmingham (Orfeo, 2011). Nelsons deja bien clara su enorme estatura straussiana con una interpretación fogosísima pero muy bien controlada, vibrante y comunicativa, de colorido rico y adecuadamente incisivo, dicho en el punto justo entre brillantez y refinamiento yendo al grano sin perderse en hedonismos sonoros, que además sabe ofrecer ese regusto amargo que sin duda pide al obra; impresionante el peso del silencio antes del final. Solo se echa de menos una dosis mayor de erotismo y calidez en los pasajes amorosos. (9) 39. Jansons/Filarmónica de Viena (Blu-ray Euroarts, 2012). La perfección técnica y la bellísima sonoridad de la que quizá sea la orquesta más adecuada para esta obra son la mayor baza de esta interpretación dirigida por Jansons con su habitual solidez y profesionalidad, pero sin ese grado de inspiración extra que necesita para terminar de convencer. Se echan de menos un fraseo más voluptuoso, unas texturas más ricas en color, unos clímax más encendidos… Quizá sea por la falta de estímulo desde el podio por lo que los solistas no parecen todo lo efusivos que debieran. (8) 40. Dudamel/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2013).Este en un Don Juan adecuadamente fresco, cálido, elocuente y comunicativo, pero no se puede comparar con lo que un Böhm, un Karajan o un Barenboim han logrado con la misma orquesta, ni en tensión y carácter exultante ni en vuelo lírico –pese al sobresaliente oboe de Albrecht Mayer–, ni en refinamiento tímbrico. Ni siquiera en claridad. Y la manera de subrayar algunos pasajes de los metales no convence. (8)   41. Dudamel/Filarmónica de Berlín (DG, 2013). Edición paralela a la de la Digital Concert Hall, aunque no queda del todo claro si se trata de la misma toma. En cualquier caso, nos encontramos de nuevo ante una interpretación muy bien trazada, apreciable por su sensualidad y perfecto control de los medios, pero algo más suave de la cuenta, falta de la incisividad, del fuego y del sentido dramático que han alcanzado los grandes recreadores de la página, por lo hablar de esa especialísima magia sonora que aquí no termina de brotar. (8)

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