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Música Clásica y ópera de Classissima

Mariss Jansons

sábado 24 de junio de 2017


Jean Sibelius

12 de junio

Quinta sinfonía en Mi bemol Mayor opus 82 (1915-19): (9) Discografía (2)

Jean SibeliusCapítulo anterior (8) Discografía (1)______________ Orquesta Sinfónica de PittsburghLorin Maazel- SONY (1990) Como años antes en su primer y añejo registro, Maazel pone en esta sinfonía toda la pericia de la que es capaz, y con una orquesta más dispuesta (y en general excelente, aun con sus pequeñas pifias) y un sentido sibeliano más pronunciado, consigue hacer una versión capaz de estar entre las notables, lo que la convierte excepcional ante este esforzado pero un tanto ajeno director para Sibelius. Sólo una mayor implicación emocional habría logrado un resultado incluso mejor. En todo caso, "a pesar" de Maazel, este es un registro de gran calidad. El tempo inicial debuta con una dimensión serena y a la vez olímpica, gloriosa, llena de luz. Al oscurecerse la música, Maazel sabe mantener la continuidad, y dar brillo al naciente drama. El tema ondulado se presta al carácter heroico del movimiento, como el comienzo del desarrollo, que sabe entroncar los solos del viento apelando a su origen en las fanfarrias iniciales. El director estadounidense ha sabido aquí crear el manto de las auras de manera brillante, y su progresivo dominar de la continuidad musical. Ese clima panteísta se corona con el lamento del fagot, entonado aquí como la desolada aria de un bajo, para dar paso a todo el drama de la cuerda, el clímax bien entendido como tal por el director. La transición, aunque lenta y ampulosa, tiene una grandiosidad única, y deriva con naturalidad (y cierta calma) hacia la reexposición-scherzo. Éste tiene una dimensión de felicidad y plenitud antes que un delirio rítmico, aunque los pizzicati del acompañamiento están deliciosamente bien interpretados. Con en el clímax central, Maazel sabe sacar toda la fuerza dramática al caos de este final del movimiento, con un refinado intercambio instrumental y un pulso capaz de enlazar a la perfección todo el conjunto. La coda, aunque un poco caótica entre los registros, sabe ser espectacular por los acordes a contratiempo y la contundencia de sus ritmos.El segundo tiempo también es un poco lento, pero con una atmósfera lírica, intensa, romántica y luminosa, llena de finos detalles instrumentales, donde todo suena como debe sonar. Maazel sabe mantener el fluir musical continuo, explotando los contrastes entre variaciones, pero siempre bajo la premisa de la unidad. Además encuentra los ritmos nerviosos y las tensiones necesarias para acercarse más aún al estilo del compositor.El final cae también en cierta lentitud, pero no carece de magia y de poder, con una instrumentación de planos perfectamente separados e integrados a la vez. El tema de los cisnes se alza con la majestad del primer tiempo, y de nuevo pleno y feliz. La repetición de temas está surcada por olas de gran intensidad, que devienen en una serenata solar con el contratema, para derivar finalmente en la queja, muy amarga aquí, del tema en menor. La melancolía atenaza el pasaje que antecede al caos del tema de los cisnes, que desemboca en una proclama de esplendor y gloria, hasta los implosivos acordes finales. ¡Buena versión! Interpretación: 8  · Estilo: 7,5  · Sonido: 7 Orquesta Sinfónica de la BBC NorthernJascha Horenstein- BBC Legends (1970, ed.2009) Grabación en directo del director de origen judeo-ruso, de formación germánica y finalmente nacionalizado americano tras huir del III Reich. Autor de magníficas grabaciones del "gran repertorio", Horenstein nos dejó apenas un par de valiosas lecturas sibelianas, en este caso con una orquesta británica (lo que justifica en parte el programa), de la que fue frecuente director invitado, un concierto retrasmitido por la BBC que nos llega con el sonido esperable. Su lectura no es la más idiomática posible, pero sí entiende muy bien las intenciones del autor, dando un impulso de grandeza y de enorme fuerza a todo el conjunto. Una grabación, con sus carencias y presupuestos alejados de Sibelius, inesperadamente brillante por el vigor de su interpretación. Desde el comienzo de la obra está claro que Horenstein opta por un enfoque dramático, llenando de cierto clima de expectación el primer grupo de temas, y acentuando los puntos más incisivos del drama del segundo. Todo el pulso del movimiento tiene un considerable empuje, con rasgos de gran sinfonismo. La transición apuntala la grandeza del movimiento (con algunos fallos en los metales: el director está varios niveles por encima de la pericia de la orquesta), que se disuelve en un scherzo imaginativo, mágico incluso, que culmina con coda heroica.El segundo movimiento se llena de agitación y nerviosismo interior, latente bajo cada registro de la instrumentación, hecha de trazo algo grueso pero de bellos sones. Hay cierto clima beatífico en general, pero el director sabe aprovechar la interrupción de las oscuras fanfarrias y los momentos más introspectivos. El tercer movimiento sabe de nuevo a grandeza y majestad, con su primer tema vibrante y segundo tema olímpico y grandioso. En la repetición el director nos sorprende sacando mucho efecto a las peculiaridades de la orquestación sibeliana, como las sordinas de la cuerda y los stacatti de las maderas, y después los divisi que llegan a ser ciertamente emocionantes. El pasaje en menor, aunque algo rápido, llega a herir profundamente, como la suavidad con la retorna el tema de los cisnes. El final es imponente, lo que provoca el aplauso entusiasta del público asistente a aquel concierto de hace un tercio de siglo. Una rara grabación (en muchos sentidos) que, aunque no es una primera elección, les sorprenderá gratamente si se hacen con ella. Interpretación: 8  • Estilo: 6,5  • Sonido: 5,5 (toma radiofónica) Orquesta Sinfónica de la Radio SuecaSergiu Celibidache- DEUTSCHE GRAMMOPHON (1971, ed. 2009) El titán Celibidache tuvo muy buenos acercamientos a Sibelius, a los que impuso tanto su gran calidad interpretativa como su propia visión musical, cargada de ese camino ascensional hacia lo trascendente. Aquí el ansiado nirvana del director rumano se presta para dar una lectura serena al tiempo que grandiosa, no siempre de acuerdo a la intención del autor, pero llena de enormes momentos musicales. El primer movimiento se inicia con un clima calmo y etéreo, que pronto roza la mística habitual del director, a la que esta sinfonía se presta sumisamente. El tema cromático se muestra con gran lentitud, lo que reduce su capacidad dramática pero le da un mayor aire de trascendentalidad. Su contrapartida en el desarrollo-repetición adquiere un grado bruckeriano, parsifaliano incluso, con honduras y sublimaciones hacia lo absoluto. La transición (con algún desajuste en la orquesta) se hace sin ningún dramatismo, con naturalidad y facilidad, evitando así una marcada diferenciación entre movimientos. Al contraerse la música pasamos del sentimiento de felicidad a un clima, verdaderamente scherzante, de gran desasosiego y extrañeza, creando una tensa progresión final hacia una coda de gran poder y decisión.El clima del segundo movimiento retorna al comienzo de la obra, pero quizá ahora Celibidache no sabe darle la sencillez que necesita, adquiriendo un toque algo vacilante, y de resonancias beethovenianas. La música va ganando seguridad según transcurre la pieza, resaltando la limpieza de las cuerdas y de la orquesta en general. Los oboes transmiten una gran dulzura para redondear el movimiento.El final adquiere un gran empuje inicial, con unas texturas muy correctas. El tema de los cisnes aparece dorado, muy ligado, con un brillo muy especial y una atmósfera mágica, quizá no perfectamente sibeliana pero hermosísima en cualquier caso. La repetición de los temas adquiere una magia semejante, dejando lo mejor de la interpretación del músico de origen rumano al pasaje en menor, cargado con una enorme emotividad, casi lacrimosa y de nostalgia infinita. Los acordes finales adquieren, como la coda del primer tiempo, una dimensión definitoria y absoluta, un verdadero triunfo de la voluntad. Buena lectura, imprescindible para los fans del director, y recomendada sin más para los sibelianos. Interpretación: 7,5  • Estilo: 6,5  • Sonido: 7 (directo) Real Orquesta FilarmónicaOle Schmidt- (1996), varias eds. incluyendo MEBRAN MUSIC (2011)El director danés nos propone una lectura muy fiel en estilo y fondo a la partitura, que podría ejemplificar a la perfección una "guía de la audición", pero sin embargo le falta la "chispa" y la inspiración necesaria para lograr una interpretación que conmueva realmente. La grabación puede encontrarse en multitud de discos, desde series económicas hasta alguna edición en SACD.El comienzo ahonda en un espíritu sereno, contrastando con la irrealidad del segundo grupo. Schmidt va a explotar más las luces que las sombras en este movimiento, con timbres muy limpios pero un tanto frío y hasta desangelado. La transición suena pomposa con su golpe de timbal, aunque la aceleración (muy repentina) le da una gran vida y agitación, frente a todo lo anterior. El scherzo en suma suena bastante eléctrico, muy efectivo, hasta de una coda de nuevo grandilocuente (con la misma insistencia en la percusión).El segundo tiempo tiene algo más de corazón, de nuevo con timbres pulcros y bien separaron, lo que redunda en el efecto que Sibelius quería buscar. La orquesta está soberbia, aunque de nuevo le falta algo de alma a la dirección.El final de nuevo es muy correcto, con un primer tema agitado y un segundo que equilibra la hondura del ostinato "de los cisnes" con el contratema en un registro tan distinto como complementario. La versión del tema de las corcheas en los vientos y después en las cuerdas asordinadas (muy cuidadas en todos sus efectos) es una delicia al oído, con un efecto muy luminoso. Quizá la falta de sentimiento se note sobre todo en el pasaje en menor, que aunque muy bien entonado transcurre sin llegar a emocionar (y muy rápido, quizá sea el único momento destacado en que Schmidt no respete totalmente la partitura). Los acordes finales resultan redondos, perfectos. Como decimos, una interpretación que nos parecía ideal en muchos aspectos... si no fuese tan fría, y sobre todo, si no conociésemos otras. Interpretación: 7,5 • Estilo: 8,5  • Sonido: 7 Orquesta Sinfónica de LondresAlexander Gibson- DECCA (1959), varias reed.Antes de su ciclo completo con la Nacional Escocesa, el director escocés nos dejó varias grabaciones sibelianas, en el comienzo de la era estéreo (muy buen sonido para la fecha de la grabación), de notable interés. En este caso se trata de un lectura muy buena, aun cuando su segundo movimiento resulte particular débil, pero que globalmente deja buen sabor de boca por su vigor.El arranque del primer tiempo tiene cierta urgencia, explotando esa velocidad como un factor dramático, como el diálogo que se define entonces, que caracterizará buena parte del desarrollo-segunda exposición. Los timbres de la sensacional orquesta están bien distinguidos, y la música tiene fuerza y mucha carga depositada en los contrastes, incluyendo la sensación de "magia" que flota en el ambiente. El lamento del fagot y el tema de las cuerdas se llena de una tensión increíble, casi eléctrica, lo que hace que la transición se viva con un espíritu de redención hacia una alegría feérica, pero muy pronto ensombrecida, de nuevo hacia toques muy dramáticos. La coda es vibrante a más no poder: atentos a poder de las cuerdas frente a los metales belicosos.El tempo del segundo movimiento también es rápido, con sus pizzicati especialmente rítmicos y animados, aunque las cuerdas ligadas no resulten lo suficientemente delicadas. En general aquí el trazo es un tanto grueso, aproximándolo más un intermezzo que un movimiento lento, y aligerándolo por tanto. Como para compensar, Gibson cultiva con cuidado los pasajes más dramáticos, pero el movimiento casi parece número transitorio en su versión de la sinfonía.El fuego vuelve al final de nuevo con un toque otra vez feérico en la carrera de las cuerdas hacia un "himno de los cisnes" glorioso y lleno de majestuosidad intemporal. La repetición del tema inicial pasa a ser muy buena en las maderas, y hasta verdaderamente mágica en las cuerdas (aunque de nuevo algo tosca).  Con un espíritu ya embriagado penetra en las soledades del lamento en mi bemol menor, bajo una buena progresión dramática, que torna a un mundo casi del "grupo de los cinco" y sus acordes superpuestos. Quizá en los acordes finales la expectativa sería de una mayor contundencia, pero solo resultan secos en su grado justo. No obstante, una notable grabación, especialmente recomendada a los que gusten de Sibelius más tradicionalmente anglosajón. Interpretación: 7,5  • Estilo: 6,5  • Sonido: 6,5 Orquesta Filarmonía (de Londres)Herbert von Karajan- EMI (1952)La grabación más antigua de las cuatro que realizara el maestro de Salzburgo contó con el aprecio personal del propio Sibelius, a quien le complacieron mucho las interpretaciones del joven Karajan. Es una grabación que tiene ya "mucho de Karajan" antes que Sibelius, sin embargo su musicalidad no se puede poner en duda, y su indiscutiple porte dramático. El sonido no es muy bueno ni para la época, a pesar de que tenemos al mítico Walter Legge como productor.El primer movimiento se vive como una historia dramática, trabajando en profundidad los contrastes entre secciones, no así los de instrumentación, que siguen bien instalados en la escuela romántica alemana. El pasaje más sobresaliente es precisamente el lamento del fagot, con una desolación que lo aproxima muchísimo al clima de la Cuarta, subrayado por Karajan por un pulso rítmico algo libre, rubato, pero de gran intensidad siempre. Gracias a esa intensidad Karajan logra una mayestática transición, redentora y triunfal, que deriva hacia un scherzo que recoge algo del drama anterior, con ciertos toques inquietantes, tensión que se agudiza hasta prácticamente la coda, que de nuevo resulta liberadora y gloriosa.  El movimiento lento se encara con un sentimiento de felicidad, también de redención y plenitud, sin detenerse el músico de Salzburgo en detalles instrumentales, pero siempre enfocando la música hacia la máxima expresión. Un Karajan joven que no se elonga tanto como el de grabaciones posteriores, y que sabe crear gran fuerza con el ritmo de pizzicati centrales y remarcar a la vez los momentos trágicos con gran naturalidad, aunque algunos momentos puedan resultar en exceso serios. El tercero en general se dibuja como el más débil de los tres, por ciertoa¡s errores conceptuales. Comienza quizá con un exceso de peso, una densidad que en el tema de los cisnes, al que se le quiere dar demasiada grandeza, no le sienta del todo bien, aun cuando no carece de sentimiento, por supuesto. La repetición como es natural resulta algo más ligera, pero todo lo anterior la ha descompensado. El tema lírico, aun cuando junta demasiado los timbres, tiene un noble y elevado sentimiento, con toques de mirada al pasado... eso permite una progresión dramática como en el primer movimiento, muy bien llevada de lo trágico a lo triunfal, con compases muy bellos, hasta una conclusión firme. Buena versión añeja. Interpretación: 7,5  • Estilo: 6  • Sonido: 3,5 (mono) Orquesta Filarmónica de HelsinkiPaavo Berglund- EMI (1986), reed. Warner Music La integral con la orquesta de Helsinki es general la menor de las tres completas que realizara Berglund, y en este caso el registro se corresponde también con el resultado medio. No obstante, Berglund es uno de los mejores directores sibelianos, y a pesar de algunas cosas no del todo correctas, su interpretación es grande y muy valiosa.El primer movimiento se inicia con un toque de melancolía, que se pliega hasta llegar el primer episodio de tragedia, donde el director finlandés va a saber extraer más el sentido de esta sinfonía. Aunque los timbres no están lo suficientemente separados, Berglund sabe exprimir muy bien las distintas atmósferas y bloques sonoros, dando lugar a un torrente continuo de sensaciones cambiantes. Quizá solo algunos miembros de la orquesta fundada por Kajanus anden algo desajustados en ocasiones. El pasaje del fagot como era de adivinar cobra una gran intensidad, aproximándose con total acierto, en sus vacilaciones y espectrales auras, al mundo de la Cuarta sinfonía. Por cierto, el solista hace un trabajo magistral con su toque sonámbulo e hipnótico, continuado con una angulosa entonación del tema en las cuerdas. La transición es un poco brusca, y no del todo bien integrada con lo anterior, caminando con ligereza valsística al scherzo. Nuestro director parece poco interesado en la alegría desbordante y vuelve a hacer más sobresalientes los momentos en modo menor, y la carrera alocada de sus descomposición antes del final, que sorprende la expectativa con una triunfal culminación.El tempo del segundo movimiento es algo rápido, dando al tema principal cierto carácter de intermedio, aunque de nuevo Berglund sabe recoger bien la atmósfera múltiple de la instrumentación sibeliana. Todo resulta animado y colorístico, aunque no se desdeña la ternura. Los pasajes más apasionados se llenan de ansiedad y de puro nervio, completados con momentos de melancolía. Aunque en el Finale hubieran resultado mejor una separación más nítida de las cuerdas del principio, el director finlandés sabe crear una sensación de trepidante emoción, que desemboca con solemnidad en un "martillo de Thor", combinado lo hipnótico en el ostinato con el tono agridulce del tema, amalgama que resulta una imagen extravagante pero magnífica. Los timbres de las maderas al regreso del primer tema nos devuelven a la tierra, pero la sensación etérica y fantástica retorna con las cuerdas, en el pasaje sublime de esta grabación. La melancolía inunda el regreso del tema de los cisnes y su expansión, que adquiere de nuevo la dimensión de una intensa tragedia, con tonos de un romanticismo desbordante. Los acordes finales son secos y contundentes, sin posibilidad de réplica. Buena versión, con algunos momentos sobresalientes. Interpretación: 7  • Estilo: 8  • Sonido: 7 Orquesta Sinfónica de la Ciudad de BirminghamSakari Oramo- WARNER CLASSICS  (2001) Oramo ofrece aquí una lección de estilo con una versión muy finlandesa por lo austera y hasta por su cierta frialdad, pero al tiempo con cierto toque de modernidad y atrevimiento, lejos del clasicismo beethoveniano que entrevén otros directores. El joven director comienza su primer movimiento con una formación de temas austera, y con cierta tensión subyacente, que se libera como una explosión de luz con el comienzo del desarrollo-repetición. Aunque todo resulte contenido, casi temeroso, no se evitan nunca los contrastes dramáticos y tímbricos, que Oramo sabe cultivar especialmente. El pasaje más sentido es el sombrío y desolado solo de fagot, que da paso a un gesticulante pero efectivo tema cromático de la cuerda. Este prepara con gran efectividad la transición, de nuevo luminosa pero tímida. El scherzo se inaugura con buenos apoyos rítmicos, que es una auténtica joie de vivre, convertida en inquietante y casi diabólico scherzo infernal antes de la coda, frenética y desenfada.El segundo movimiento presenta una lectura muy límpida y delineada, animada en lo rítmico (el tempo se nota acelerado, más que lo que en realidad es), y mucho más atenta a los colores, con un trabajo formidable de la cuerda. Tampoco faltan momentos de cierta dulzura y beatitud, siempre con un color bruñido y suave.El tercer movimiento centra en lo rítmico de nuevo parte de su fuerza, logrando un efecto torrencial en el comienzo y un sentido hipnótico, sonámbulo en el tema de los cisnes, que crece hasta convertirse en una especie de engranaje que maneja todo el universo... La repetición pierde algo de fuelle, dejando transmitir cierto pesimismo y abatimiento, llevando a un final de nuevo tenso y contenido. Los secos golpes de los últimos compases dan punto final a esta versión atractiva, sin demasiado entusiasmo por otra parte. Interpretación: 7  • Estilo: 7  • Sonido: 8 Orquesta Sinfónica de la BBCMalcolm SargentHMV (1958) - ed. GUILD (2014) La historia quiso que Jean Sibelius se despidiera del mundo justo escuchando una interpretación del maestro Sargent de esta sinfonía, desde su radio de Ainola, que el director británico dirigía desde la Sala de la Universidad de Helsinki. Se trata de una versión llena de dramatismo y dinamismo, resaltando sus tensiones subyacentes en una lectura bastante moderna (aunque se siente también en la tradición británica) y cierta nostalgia, lo que da como resultado una visión un tanto pesimista de la sinfonía quizá más optimista del autor. El comienzo cultiva con cierta animación el diálogo entre partes gracias al recién estrenado sonido estereofónico, con una tensión excelentemente llevada, que desemboca con gran fuerza en el motivo de las cuerdas. El tema del fagot se alza especialmente sombrío y errabundo sobre un fondo inquietante de las cuerdas, hasta desembocar en la tragedia del tema sostenido por los arcos. La transición está bien dibujada en el tempo, pero se desaprovecha un poco su cualidad emocional. Todo el scherzo se llena del dramatismo del desarrollo más que de su poder dionisiaco, y de hecho las derivas de motivos en la cuerda resultan casi diabólicas. Una gran tensión lleva a la coda, que se resuelve con un toque de metales y un timbal casi olímpico. En el segundo tempo Sargent articula con gran poder el contrate entra stacatti , pizzicato y las notas prolongadas de los demás instrumentos, dando una sensación extraña y de nerviosismo contenido. Todo el movimiento se mueve entre esa presión y el lirismo de los motivos ligados, bajo una orquesta de timbres bien separados que deja destacar a los magníficos instrumentistas. El comienzo del tercer tiempo es algo contenido, tumultuoso casi como una fuga, pero algo apagado. Sargent se reserva más para el tema de los cisnes, que ejecuta solemne, casi majestuoso. Durante la segunda aparición del segundo tema las cuerdas de la orquesta hacen magia con sonidos brillantes y muy bien equilibrados, para desembocar en un segundo tema elegante, donde de nuevo vuelven a brillar los pasajes más nostálgicos. La coda sin embargo está de nuevo algo desaprovechada. En la información del disco leemos que la sinfonía se grabó en dos días de sesiones: ¿quizá este movimiento se hizo en un momento más agitado que los dos anteriores? No lo sabemos. En cualquier caso un registro destacado. Interpretación: 7 • Estilo: 6,5 • Sonido: 5,5 Orquesta Filarmónica de HelsinkiJorma Panula - DECCA (1968), varias ediciones, p. ej. FINLANDIA RECORDS (1987) Panula es una prominente figura de la dirección finlandesa, aunque probablemente más por ser el decano y maestro de dirección de orquesta en la Academia Sibelius de prácticamente todas las grandes figuras posteriores: Esa-Pekka Salonen, Jukka-Pekka Saraste, Osmo Vänskä.... junto con los directores más jóvenes que ahora triunfan en Finlandia y por todo el mundo, como Sakari, Rasilainen, Storgårds, Lintu, Oramo, Ollila, Inkinen, Franck... Su labor interpretativa y sobre todo discográfica ha sido sin embargo más modesta, y ha quedado sobre todo relegada al ámbito nacional, llegando al exterior unos pocos registros al frente de la Filarmónica de Helsinki, en la que estuvo unos años antes de pasar la batuta a Berglund, y otras orquestas, principalmente la de Turku. Este registro aislado nos ofrece una magnífica lección de estilo y color finlandés, un trabajo interpretativo correcto, quizá más bien artesanal, pero en cualquier caso una versión muy apreciable.  Un comienzo luminoso, lleno de colorido y de una sensación de completo abandono da paso a un desarrollo lleno de contrastes entre brillo y oscuridad, bellamente dramático y listo para la estallar en cualquier momento. La negatividad del tema cromático da paso a una transición correcta y muy natural, hacia un scherzo ingrávido y de nuevo con un colorido pleno, desembocando en una coda sin excesos. El segundo moviente es especialmente sereno y repleto de felicidad, de nuevo con gran naturalidad y gracia, que adereza con las tensiones rítmicas nítidamente sibelianas, hasta fluir en la misma calma del comienzo, con un fino juego de timbres. El tercer movimiento comienza con un punto bajo de la sinfonía: un tempo poco animado y un tanto desangelado, que da paso a un nostálgico tema de los cisnes, también afectado por la falta de dinamismo. El director finlandés no abandona su postura en la repetición, que sin embargo gana por su mayor delicadeza y encanto, para dar paso a un pasaje en menor completamente vencido por la melancolía, rozando incluso el pesimismo más nórdico. El motivo triangular cierra con un indudable recuerdo del sonido de campanas, coronado por los martilleantes acordes finales. Una versión como decíamos muy estimable, aunque menor. Interpretación: 7  • Estilo: 8,5  • Sonido: 6,5 Orquesta de MinnesotaOsmo Vänskä- BIS (2011) En su segunda integral, esta vez con su nueva orquesta americana, el maestro finlandés se muestra desigual, superando sus versiones con la orquesta de Lahti en algunos casos, pero no en otros como el siguiente, donde se muestra algo carente del necesario hechizo que lograba al otro lado del globo. El registro es eficiente, a ratos muy bueno y lleno de sibelianismo, al menos si lo observamos por separado, pero algo débil, monótono y falto de entusiasmo si lo comparamos con sus competidores, incluyendo su propio registro de década y media antes. El comienzo es brillante y sereno, sin aristas ni recovecos tensos. La orquesta suena refinada y atinada, aunque quizá le falta algo de intensidad en este punto. Pero lo ganará a medida que transcurre la primera parte del desarrollo, con la aparición plena del motivo ondulante como punto álgido. Llega la zona crepuscular de la deriva cromática de la cuerda, que se diluye con un claro sabor a las interpretaciones del director de la Cuarta, y un espléndido solista de fagot insinuante y contenido para dar mayor drama. Tras recoger ese drama, las cuerdas conducen a una transición efectiva y llena de vitalidad, desbordada en sana alegría con el scherzo, algo feérico. Cuando la música se sumerge en los recovecos más oscuros, Vänskä demuestra su conocimiento del estilo con una agitada carrera en el caos, caleidoscópica y llena de nervio, alcanzando la coda triunfal final, donde sobresalen los ritmos a contratiempo y un timbal que se deja escuchar como nunca. El segundo tiempo se muestra algo más cálido y efectivo, con contornos refinados pero al tiempo llenos de placidez y bellos sones. Lo mejor viene cuando la música se vuelca en la emoción, con el acompañamiento de los pizzicati graves, y en el modo como transitan los trémolos de la cuerda en el pasaje siguiente. El oboe se muestra un poco ambicioso en su pequeño solo, pero lleva a una esplendorosa conclusión.El finale impone su carrera con precisión y un gran ánimo, pero con el himno de los cisnes Vänskä parece perder un poco su habitual perfilado por un trazo más grueso y voluminoso. Con la reexposición de los vientos se recupera un tanto, en este ocasión los oboes hacen un magnífico trabajo, hasta llegar a la mágica cuerda asordinada, donde el maestro finlandés vuelve a hacer su mejor trabajo. No tanto en el extenso tema en menor, en el que baja la intensidad, y suena más derrotado que trágico. El "ahogamiento" sabe colmar las sonoridades sibelianas, pero no logra la tensión necesaria, y los acordes finales pesan más que resuelven. Como decimos no es una mala versión, pero desde luego vemos muchos fallos ahí donde podíamos esperar más. Mucho más. Interpretación: 7  • Estilo: 8  • Sonido: 9 (SACD) Orquesta Filarmónica de OsloMariss Jansons- EMI (1994) El director letón dirige a una buena orquesta noruega en esta grabación que cuando menos llama positivamente la atención. Una versión algo fría, pero correcta y bien equilibrada sonoramente, y mucha fuerza, sobre todo por la fuerza trepidante de sus ritmos (y tempi en general acelerados). Quizá la toma de sonido algo confusa no ayuda mucho a la que es una bastante buena interpretación, aunque hay reconocer que le falta un poco de "alma" y de conexión con las intimidades de la obra.El comienzo expone cierta tensión subyacente, con un pulso y una articulación más dramática de lo habitual. Eso hace especialmente tenso y efectivo el segundo tema, así como el tema ondulante. Bien equilibrado está el diálogo con el que arranca el desarrollo, recreándose Jansons en las combinaciones tímbricas más inusuales. Las finura tímbrica continúa con la aparición del lamento del fagot, que rinde como verdadero protagonista con una evocación sobre todo nostálgica, aunque el manto de las cuerdas le dé una sonoridad más bien siniestra. Su respuesta en la cuerda es angulosa y potente, aunque se gesticule un poco. La transición es muy animada, rápida y efectiva, hacia un scherzo eléctrico y ligero, que llega a ser altamente inquietante al descomponerse. El segundo movimiento también impone su tempo algo acelerado, pero a cambio el letón encuentra aquí su mayor expresividad y lirismo, dando un tono pastoral y beatífico a la pieza (aunque no le sobran tonos de danza). El dramatismo también está bastante logrado, realizándose un estupendo trabajo sibeliano al saber diferenciar las variaciones y pasajes sin perder nunca la unidad.Jansons arranca el tercer tiempo con fuerza y con un tema muy nítido y vibrante, y una segunda sección también potente pero sin pompa ni grandiosidad. La repetición también nos ofrece buenas sutilezas sonoras, dando paso a una sección in minore muy destacada por su melancolía, pero no lo necesariamente honda. La derivación del tema de los cisnes consigue una gran tensión, resuelta en los secos acordes finales. Buena versión, como decimos algo fría, pero merece la pena. Interpretación:  7 • Estilo: 7,5  • Sonido: 6,5 Orquesta Sinfónica de Nueva ZelandaPietari Inkinen- NAXOS (2009) Como hemos comentado en otras ocasiones, el ciclo del jovencísimo Inkinen con la orquesta de las antípodas es muy notable por su considerable esfuerzo y por su calidad por encima de cualquier consideración apriorística, y aunque podríamos pensar no pedir más a una serie económica que cierta dignidad, el director finés logra aquí una lectura verdaderamente notable y válida por sí sola, por encima de otros registros con firma. El primer movimiento comienza con una clima pastoral e idílico, con gran calidez y humanidad, y los sonidos telúricos del timbal lo atan a la tierra. Durante el desarrollo sin embargo hay un fantasioso manejo de los timbres, y un dominio de atmósferas y contornos de los registros sibelianos verdaderamente admirable. El lamento del fagot llega a emocionar con su canto vacilante y sus vivos y tenebrosos rumores de auras que lo rodean. La transición es correcta, invisible aunque al tiempo no se aprovecha dramáticamente, y da lugar a un scherzo ligero pero con una vena nerviosa y vibrante. Sin embargo el final del movimiento suena algo precipitado, como si la orquesta no pudiera mantener el mismo nivel toda la sección.El segundo movimiento tiene buen ánimo, mucha paz, aunque falte algo de brillo y acuse de ciertas robusteces en ocasiones. Pero no faltan finas expresiones, como el canto de los oboes antes del pasaje en menor del final. Para el cierre de la sinfonía Inkinen de nuevo acierta plenamente con el sentido de la sinfonía, con su brío del primer tema y el hipnótico motivo de carrillón sobre el canto general de las maderas, llevado poco a poco hacia lo majestuoso (sin demasiada pompa). Los momentos más dramáticos del pasaje en menor también dejan señal de pesimismo nórdico, aunque le falte el suficiente desgarro para lograr el cuadro completo. Como en el primer movimiento, los últimos compases se notan algo exhaustos, y los acordes últimos finalizan sin la necesaria fuerza. No obstante, y en términos generales, buena versión que dobla su precio en calidad y satisfacción.  Interpretación: 7  • Estilo: 8  • Sonido: 7 Orquesta Sinfónica de GotemburgoNeeme Järvi- BIS (1982, p.1985) La primera grabación del maestro estonio, dentro de su integral para el sello BIS. Järvi hace una demostración de buen hacer, pero quizá la obra le viene en ese momento algo grande. Aunque la grabación cumple, y a retazos resulta hasta de gran altura, en otros en cambio patina, dando una sensación global de suma irregularidad. El tempo inicial debuta con un sentimiento pastoral, incidiendo en los largos acordes que acompañan la madera hasta el momento del tema cromático, para el que Järvi reserva el comienzo del fuego de la pieza, muy agitada a partir del desarrollo-repetición, con buenas prestaciones solísticas y un buen manejo de las auras, aunque la sensación es algo pálida y lejana, cuando no heladora. El buen manejo atmosférico del director deja huella en el excelente lamento cromático del fagot, con una agitación casi gótica bajo su canto agarrotado, pero después las cuerdas tienen un toque demasiado chaikovskyano. De nuevo una de arena con la transición, excelente, amplia y muy emocional. El scherzo es vívido y lleno de drama y agitación, aunque de nuevo el débil sonido y cierto toque masivo en las cuerdas no ayuda del todo. En la coda del movimiento combinado logra un magnífico brillo. Y aunque a las trompetas les cuesta un poco la rapidez, lo hacen con verdadera furia celestial.El segundo movimiento acierta en su equilibrio entre cierto lirismo sin excesos y una nobleza modesta, sin grandilocuencias, aunque los micrófonos o la remezcla afean lo que se adivinaba un sonido francamente más hermoso. Se mantiene una notable cohesión a lo largo del tempo, mucho mejor que el desigual primer movimiento. El tercer movimiento empieza con fuerza, aunque también, hay que decirlo, con un trazo grueso que no deja oír todo en su justo plano. El segundo grupo de temas en cambio resulta solemne y grandioso, con los contrapuntos dramáticos muy bien perfilados. El impulso se mantiene con la repetición del tema inicial, donde las cuerdas sufren algo de atropello, no perjudicando demasiado su expresión jubilosa y dionisiaca. La música se oscurece con tristezas cósmicas al final, hasta la llegada los acordes finales, expectantes y más que adecuados. Versión irregular, aunque buena... si no hubiese unas cuantas buenas versiones más. Interpretación: 7  • Estilo: 6,5  • Sonido: 6 __________Capítulo siguiente: (y 10) Discografía (y 3) [próximamente]

camino de musica

29 de julio

Immenso Jehova (Nabucco)

Immenso Jehova (Nabucco) IMMENSO JEHOVA (NABUCCO) En Nabucco no sólo está el coro Va pensiero, hay otros momentos que emocionan tanto como ese que es sin duda el más popular. Hoy traemos el coro y la escena final de Nabucco de Giuseppe Verdi, Immenso Jehova del que dejamos la traducción: CORO Inmenso Jehová ¿Quién puede no oírte? ¿Quién no se siente polvo ante tu presencia? ¿Lanzas un destello?… y todo sonríe. ¿Lanzas el rayo?… y a todos nos fulminas. Escena Última (Entra Abigaille con los soldados) NABUCODONOSOR ¡Oh cielos! ¿qué veo? CORO ¿La desgraciada a qué viene ahora aquí? ABIGAILLE (agonizando, a Fenena) ¡Que baje…Read More → Concierto Verdi 200 años Diseccionando el Aleluya de Handel Mahler: Sinfoníaº 2 (Mariss Jansons) Mefistofele (Boito) Prólogo – Muti J.S. Bach: Actus Tragicus




Ya nos queda un día menos

13 de junio

Tilson Thomas nos explica la Quinta de Shostakovich

Antes de comentar el concierto que escuché el sábado a la Orquesta Nacional de España, y como necesaria justificación de lo que voy a escribir, tengo que dejar claro qué piensa un servidor sobre la polémica Shostakovich-Volkov en general y sobre la Quinta sinfonía del compositor ruso en particular. Mi idea coincide en buena medida con lo que declaró Mstislav Rostropovich a Justo Romero en una entrevista de hace ya bastantes años. Por un lado, las presuntas memorias relatadas a Volkov parecen ser una falsificación: los argumentos que he podido leer defendiendo esta postura me han convencido plenamente, y a ellos hay que sumar las declaraciones del enorme violonchelista y director afirmando que el autor de La nariz no confiaba en el periodista ruso. Pero por otro lado, y aquí está la enorme paradoja, la idea que se encuentra detrás de Testimonio parece ser verdadera: en la creación shostakoviana posterior a a la censura stalinista de su ópera Lady Macbeth hay, además de obras malas escritas exclusivamente para complacer al régimen, mucho de ambigüedad y de dobles lecturas, incluyendo desafíos y hasta burlas más o menos veladas a la autoridad que no escapan en absoluto a quien quiera verlas. La cuestión es: ¿cómo demostrar algo tan extremadamente resbaladizo como eso de las segundas lecturas, es decir, que la música no quiere decir lo que parece querer decir sino justamente lo opuesto? Concretando en el tema que nos ocupa: ¿dónde se evidencia que la Quinta sinfonía es todo lo contrario a “la respuesta de un artista soviético a unas críticas justas"? La solución nos la da Michael Tilson Thomas en el capitulo dedicado a dicha partitura dentro de la excelente serie Keeping Score que protagoniza frente a su San Francisco Symphony: en la partitura está todo. Si están ustedes interesados en la música del autor, les recomiendo que vean este Blu-ray de soberbia calidad de imagen –de momento, además, lo pueden encontrar en YouTube– en el que se realiza un análisis admirable que concluye con sólidas pruebas sonoras de que el final de la partitura, ese mismo que suele despertar aullidos de entusiasmo entre el respetable, fue escrito precisamente con ese carácter opresivo, trágico y antirretórico –pese al monumental despliegue decibélico– con que han sabido interpretarlo los grandes traductores de la pieza, que a mi entender son  –por orden alfabético, pues las preferencias no las tengo del todo claras– Bernstein, Haitink, Jansons, Petrenko, Previn, Rozhdestvensky y Sanderling. No, Rostropovich no está en mi lista. Y menos aún Mravinsky, quien precisamente se encargó de estrenar la obra haciéndola digerible a las autoridades. Como en el resto de esta serie documental, al final del capítulo se incluye la interpretación de la obra completa. Y aquí ha venido una gran sorpresa para mí: no se trata esta vez de una grabación realizada en San Francisco, sino de la filmación de la BBC del Prom del 1 de septiembre de 2007, un concierto en el que estuve presente y en el que disfruté muchísimo. Pero bueno, dejando a un lado la cuestión personal, ¿qué tal está esta versión? Pues lo cierto es que, al contrario que otros maestros que dicen una cosa sobre la partitura para luego terminar haciendo otra muy distinta a la hora de ponerla en sonidos, Tilson Thomas lleva a la práctica el magistral análisis que realiza en el documental, es decir, apuesta por una lectura en la que los aspectos más sombríos, amargos y opresivos de la obra quedan en primer plano y subraya la ambigüedad expresiva que subyace en mucho de los pasajes, de manera muy particular en un Finale que es aquí una beligerante denuncia política cargada de negrura, más aún quizá que con los directores arriba citados. Los otros tres movimientos son francamente buenos, destacando un primero cargado de poderoso dramatismo y un segundo no particularmente corrosivo ni sarcástico, pero dicho con saludable socarronería y magníficamente expuesto. En el tercero cosas aun más profundas y acongojantes se han escuchado, pero aun así Tilson Thomas, que en el documental relaciona el pasaje con la música litúrgica de la iglesia ortodoxa, logra convencer por su sabia mezcla de vuelo lírico e intensidad emocional. La orquesta, ni que decir tiene, funciona de maravilla y es tratada por la batuta con una claridad y una plasticidad admirables, bien recogida por una toma sonora en surround auténtico que supera las limitaciones propias de la acústica del Royal Albert Hall, aunque no del todo las del origen televisivo del producto: la gama dinámica no es todo lo amplia que podía haber sido.

Ya nos queda un día menos

21 de abril

Jansons y Mork con la Filarmónica de Berlín: Berlioz, Dutilleux, Shostakovich

El programa del 3 de marzo de la Filarmónica de Berlín, protagonizado por Mariss Jansons y Truls Mork y disponible en la Digital Concert Hall, me ha animado a profundizar en una obra maestra a la que no me había acercado lo suficiente: el Concierto para violonchelo, "Tout un mounde lointain", de Henri Dutilleux. Después de escuchar varias interpretaciones, me queda la sensación de que existen dos posibles vías de acercamiento a la página. Una consiste en llegar a un equilibrio entre los aspectos –llamémosle así– impresionistas y expresionistas de la obra, y ella es la que abrieron los intérpretes del estreno, Mstislav Rostropovich y Serge Baudo (EMI, 1974) y más tarde han seguido Arto Noras con Jukka-Pekka Saraste (Finladia-Warner, 1991) y Christian Poltera con Jac van Steen (BIS, 2008). La otra opta por acentuar contrastes y tensiones, subrayar lo que la escritura tiene de encrespado, afilar las aristas tímbricas y descargar mucha electricidad en los clímax. Es la opción de Truls Mork con Myung-Whun Chung (Virgin, 2001) y de Anssi Karttunen con Esa-Pekka Salonen (DG, 2011), esta última la más radical y discutible, pero también mi preferida. En esta nueva lectura Truls Mork pasa del segundo grupo al primero, pero no tanto por él como por la dirección de Mariss Jansons, muy distinta de la de Chung. Al maestro letón no le motivan demasiado las descargas de adrenalina que propone esta partitura, mientras que por el contrario parece sentirse bastante cómodo dejando respirar a la música, atendiendo a la atmósfera y recreándose en la sensualidad de los timbres. Lo hace de manera satisfactoria, entre otras cosas porque cuenta con la complicidad de una orquesta sensacional, pero no le hubiera venido mal una mayor matización expresiva y un más agudo sentido de los contrastes: por momentos parece un poco plano. En cuanto al solista, vuelve a demostrar no solo un irreprochable dominio técnico, sino también su capacidad para teatralizar el canto del violonchelo hasta convertirlo en un ser humano que declama sus emociones con admirable riqueza de acentos y enorme veracidad expresiva. Y qué decir de su sonido hermosísimo, sólido y profundo. La sarabanda bachiana que ofrece de propina deja bien clara la categoría del artista. La velada había arrancado con la obertura del Carnaval romano de Berlioz. Poco convincente, la verdad: en la sección lenta Jansons opta por la sensualidad, lo que para él parece significar suavidad expresiva e incluso blandura –en exceso tímido y ensoñado el corno inglés–, para a continuación poner el piloto automático y limitarse a confiar en la enorme calidad de la orquesta. Chispa, brillo y arrebato carnavalero brillan por su ausencia. Décima de Shostakovich en la segunda parte. Se la escuché a este director cuando era joven en el Maestranza –aún estaba con la Filarmónica de Oslo– y me gustó. Ahora tengo muchos más años y no cuela. A mi entender, el problema de esta interpretación no es que su enfoque sea mucho antes “romántico” que “expresionista”, porque Karajan adoptaba óptica semejante con la misma orquesta y los resultados eran sensacionales. El problema está en Jansons, en su tendencia a quedarse en la superficie de la música, en su falta de verdadero compromiso expresivo y de implicación emocional. No basta con que todo esté en su sitio, el trazo sea cuidadoso y se eviten la vulgaridad y el efectismo: se echan de menos tensión interna en la construcción, garra dramática en los clímax y vehemencia en la expresión. El segundo movimiento –escuchen el vídeo que les he dejado– y el final del cuarto resultan, en este sentido, muy decepcionantes por su falta de fuelle. Que en el tercero el maestro muestre buen olfato para la sensualidad y el misterio y, por descontado, la formación berlinesa realice una labor formidable, no redime a esta interpretación de quedarse muy a medio camino.



Ya nos queda un día menos

16 de abril

Notables Gurrelieder por Jansons

Ya conocía desde hace tiempo, gracias a una retransmisión televisiva, estos Gurrelieder que Mariss Jansons dirigió en Múnich en septiembre de 2009 a su formidable Orquesta de la Radio Bávara y a un enorme conjunto coral formados por los coros de la NDR, la MDR y de la propia radio de Baviera. Ahora he podido hacerme con el DVD editado en el sello BR Klassik: se nota una apreciable mejoría técnica, porque este formato ofrece un DTS con surround auténtico, con abundante imagen sonora –público y reverberación– por los canales traseros que contribuye a otorgar espacialidad y relieve a la toma, por lo demás muy equilibrada y con más que suficiente presencia de los sonidos graves, aunque en lo que a gama dinámica se refiere, aun siendo esta muy amplia, no se llega a recoger toda la que demandan las mastodónticas fuerzas congregadas por Schoenberg. La imagen –irreprochable filmación de Brian Large– es muy digna, pero no llega en absoluto a la calidad de un blu-ray. El nivel interpretativo es notable. Jansons ofrece una muy sólida dirección, cálida y bien llevada, no del todo clara pero sí con gran sentido del color y de apreciable sensualidad. Ahora bien, funciona mejor en la segunda parte, vistosa y entusiasta a más no poder, que en la primera, quizá demasiado impresionista y con alguna caída en la blandura. Tampoco parece interesarse mucho por los aspectos más dramáticos y dolientes de la partitura, que quedan algo desdibujados. Como en su registro junto a Salonen del mismo año, el tenor Stig Andersen ofrece un instrumento muy adecuado, frasea con calidez y matiza con cierta intención, de tal modo que sale más o menos airoso de su larga y difícil parte a pesar de que su técnica no es del todo sólida. Extrañamente, Deborah Voigt exhibe una voz dura, se ve algo apurada y no termina de calar en la expresión. Muy bien Mihoko Fujimura como la paloma. Bastante sólido Herwig Pecoraro, cuya intervención subraya Jansons haciendo gala de un formidable sentido del humor y de un espíritu muy circense. Michael Volle canta bien la parte del campesino y está magnífico en el monólogo conclusivo. En fin, un DVD recomendable que lo sería aún más si tuviera subtítulos en algún idioma. Como curiosidad, al final se puede ver entre el publico a Christian Thielemann y a Kent Nagano.Tiene explicación: se celebraba el sesenta aniversario de la orquesta.

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